Hoy empieza la cuenta regresiva, en diez días te casas. Siguiendo al pie de la letra nuestro trato no escribiré mucho sobre ti, pero hoy me embarga una mezcla de emoción, felicidad y nostalgia, no te preocupes, las primeras dos emociones opacan por mucho a la última. Viendo hacia atrás pienso en estos doce años que hemos vivido juntas, con problemas que iban desde la falta de luz - porque en algún momento se nos olvidó pagarla - hasta los problemas familiares y los corazones rotos, sin embargo con muchas más alegrías, muchísimas alegrías, más de las que puedo terminar de contar, y tú y yo juntas, siempre juntas.
Ahora me quiero dirigir a los dos, sé que esto parece un brindis, vamos a hacerlo de esa forma:
Hermana: no sabes lo feliz que me ha hecho estar contigo todos estos años, todo lo que te he aprendido – incluso cuando peleábamos y jurábamos no hablar nunca más – y lo mucho que me he divertido (ese día que fuimos a patinar, tu imagen patinando a medio metro por hora mientras no dejabas de reírte es lo primero que se me viene a la mente) compartir nuestras preocupaciones, nuestros días, nuestras quejas y también todo lo bueno. Estoy feliz de verte feliz, sé que esta decisión te tomó muchos años y muchas peleas – más que nada contigo misma – y me enorgullece ver que las hayas librado todas pero sobretodo me llena de alegría saber cómo las libraste, sin perder tu esencia, quedando intacta, dejando todo lo bueno y no sólo eso, agregando más cualidades a ese hermoso todo que eres tú.
Cuñado: gracias por todo lo que le das, gracias por hacerla tan feliz, gracias por darle seguridad y paz. Hoy me enorgullezco de que seas parte de mi familia. Eres un gran hombre, estoy segura que serán muy felices. ¿Sabes? A veces sucede que cuando conoces a alguien puedes reconocer toda su humanidad y toda su luz sólo con verlo a los ojos, eso me sucedió cuando te conocí. Sé que has pasado por cosas difíciles y entiendes nuestra vida, gracias por entenderla, gracias por amarla, y gracias querernos así, tal como somos.
Estoy segura que se toparan con vueltas, baches, trampolines, felicidades y preocupaciones, aun así, sé que van armados contra todo y dispuestos a vivir. Hagan de su vida un testimonio de felicidad, que su camino por este mundo no pase desapercibido.
Los quiero con todo mi corazón,
B.

"Por eso ahora estoy escribiendo. Soy de ese tipo de personas que no acaban de comprender las cosas hasta que las ponen por escrito"...esta frase la describe, piensa y trata de decir lo que piensa, su mente le gana, su boca no la alcanza, se queda callada, de repente una conclusión brinca de sus labios, es difícil entenderla.
No confía en la gente - aunque hablando sin excesos, no confía casi en nadie. ¿Será que no confía casi en nadie o será que siempre quiere guardar algo nada más para ella? Las relaciones se le dificultan...no las amistades, no rodearse de gente, pero no puede fiarse...trata pero no lo logra, a veces porque no hay receptor, a veces porque no quiere, a veces porque no le sale.
A veces prefiere estar sola con tal de no sentir que lo que tiene pudiera derrumbarse, a veces prefiere estar sola porque siente que le mienten, otras veces lo prefiere porque no tiene paciencia.No quiere sentirse invadida, no quiere porque a lo mejor se deja invadir y no quiere perderse.
Toda su vida ha escrito con la mano equivocada, era zurda y la hicieron diestra o era diestra y la hicieron zurda, sin quererlo ni planearlo la dejaron pensando que el mar era rojo, luego se dio cuenta que era azul, ahora el mar es bicolor.
Tiene miedo de destruirse, de destruir, sabe que puede hacerlo, sabe que con la misma fuerza con la que puede amar y dar, influenciar y empujar, también puede devastar...¿Quién le hizo eso?
Lucha por ser feliz, cuando la felicidad nunca fue algo seguro, pelea con su mente y con sus instintos y es feliz, la mayoría del tiempo es feliz. Es feliz por una fuerza de la que es dueña absoluta, es feliz porque es, es feliz porque lo único seguro es ella y ella es segura hasta que no sea.

Encontré esto en internet y me gustó mucho, recuerdo haber leído un post similar en el blog de la @nenamounstro...dedico este escrito, que no es mío, a todas ellas que leen, que escriben y a todos los que las quieren a su lado...
A Girl You Should Date
Date a girl who reads. Date a girl who spends her money on books instead of clothes. She has problems with closet space because she has too many books. Date a girl who has a list of books she wants to read, who has had a library card since she was twelve.
Find a girl who reads. You’ll know that she does because she will always have an unread book in her bag. She’s the one lovingly looking over the shelves in the bookstore, the one who quietly cries out when she finds the book she wants. You see the weird chick sniffing the pages of an old book in a second hand book shop? That’s the reader. They can never resist smelling the pages, especially when they are yellow.
She’s the girl reading while waiting in that coffee shop down the street. If you take a peek at her mug, the non-dairy creamer is floating on top because she’s kind of engrossed already. Lost in a world of the author’s making. Sit down. She might give you a glare, as most girls who read do not like to be interrupted. Ask her if she likes the book.
Buy her another cup of coffee.Let her know what you really think of Murakami. See if she got through the first chapter of Fellowship. Understand that if she says she understood James Joyce’s Ulysses she’s just saying that to sound intelligent. Ask her if she loves Alice or she would like to be Alice.
It’s easy to date a girl who reads. Give her books for her birthday, for Christmas and for anniversaries. Give her the gift of words, in poetry, in song. Give her Neruda, Pound, Sexton, Cummings. Let her know that you understand that words are love. Understand that she knows the difference between books and reality but by god, she’s going to try to make her life a little like her favorite book. It will never be your fault if she does.
She has to give it a shot somehow. Lie to her. If she understands syntax, she will understand your need to lie. Behind words are other things: motivation, value, nuance, dialogue. It will not be the end of the world.
Fail her. Because a girl who reads knows that failure always leads up to the climax. Because girls who understand that all things will come to end. That you can always write a sequel. That you can begin again and again and still be the hero. That life is meant to have a villain or two.
Why be frightened of everything that you are not? Girls who read understand that people, like characters, develop. Except in the Twilight series.
If you find a girl who reads, keep her close. When you find her up at 2 AM clutching a book to her chest and weeping, make her a cup of tea and hold her. You may lose her for a couple of hours but she will always come back to you. She’ll talk as if the characters in the book are real, because for a while, they always are.
You will propose on a hot air balloon. Or during a rock concert. Or very casually next time she’s sick. Over Skype.
You will smile so hard you will wonder why your heart hasn’t burst and bled out all over your chest yet. You will write the story of your lives, have kids with strange names and even stranger tastes. She will introduce your children to the Cat in the Hat and Aslan, maybe in the same day. You will walk the winters of your old age together and she will recite Keats under her breath while you shake the snow off your boots.
Date a girl who reads because you deserve it. You deserve a girl who can give you the most colorful life imaginable. If you can only give her monotony, and stale hours and half-baked proposals, then you’re better off alone. If you want the world and the worlds beyond it, date a girl who reads.
Or better yet, date a girl who writes.
– Rosemarie Urquico –

Mi amigo Slotadicto me invita a escribir, denle click al link aquí abajo y los llevará a su blog invitado del mes y mi colaboración "Buenas nuevas", ¡gracias!

Yo sé dónde, los conozco, muchas veces los he visto, conozco su rostro y su tamaño, son muy míos y aunque no sienta un particular cariño por ellos no puedo negarlos, son parte de mí.
Mis monstruos no son tantos pero nunca llegan solos, son montoneros, les gusta la compañía. Cuando alguno de ellos piensa en moverse primero se sacude, se desentume, luego, voltea a su alrededor, toma la iniciativa e invariablemente le habla al de al lado. Mis monstruos son cómplices, todo se cuentan, no guardan secretos.
La mayoría del tiempo, debo decir, los encuentro muy bien portados, están sentaditos atrás, en algún compartimento. Les gustan los recovecos, ahí tienen su banca, mecen los pies, están callados, duermen mucho...ya casi no salen a jugar, yo no los dejo.
Aunque a veces, algunas veces, escuchan una frase, ven una señal, alguien los pellizca o yo los llamo sin querer…cuando esto sucede trato de traer mi llamado de vuelta, de nunca haberlos siquiera pensado, pero aun así, ellos se levantan, unos lentamente, otros al instante...yo escucho sus pasos, los oigo acercarse, siento su respiración, percibo su temperatura. En ese momento corro y los ahuyento, hablo con ellos, a algunos les grito. Casi siempre logro que se vayan, les explico que no son bienvenidos.
Desafortunadamente para mí y para fortuna de ellos hay veces en las que no sólo llegan, sino que además se quedan, a veces por unos minutos, en los peores momentos, por días.
Casi siempre la tristeza del pasado es el primer monstruo en llegar, corre y me recuerda, su memoria es eterna. A él, le sigue la duda del presente, con su amigo: el miedo. Siempre llegan juntos, no pueden vivir uno sin el otro, se necesitan. Pegados vienen la frustración y la soberbia, ellos son atemporales y hablan al mismo tiempo.
El último en llegar es la ira, a él es precisamente a quien más le temo, de él me escondo, a él le ruego que se vaya sin embargo, cuando por fin llega, casi nunca me escucha, ni a mí ni a nadie, desconoce caras y voces, no encuentra espacio para razonar, es intransigente, egoísta, a veces violento.
Hace tiempo los fui a visitar, quise hacer las paces con ellos, les pedí una tregua, algunos accedieron, otros la siguen negociando. Son difíciles de tratar, se obstinan por tener vida propia y no quieren ser olvidados.
Me digo a mi misma, a manera de consuelo, que al menos los conozco. Todos han venido formalmente a presentarse, me explican de dónde vienen, presentan su caso, creen tener la razón.
Son míos, me hacen llorar, a veces temblar de miedo, me recuerdan quien soy, me lastiman y me enseñan. En algunas ocasiones, incluso me hacen escribir.

Ojalá pudiera dar explicaciones y disculpas por no haber escrito antes, la verdad es que no había escrito porque tenía muchas ideas y al mismo tiempo ninguna, quería esperar a que la inspiración llegara y sí llegó...llegó hace unos días al leer un libro, un libro que me inspiró, me conmovió y me perturbó en la misma medida.
Lo que escribo aquí no es mio, lo escribió el filósofo Andrés Gorz quien nació en Viena en 1923.
Cofundador de Le Nouvel Observateur y uno de los principales teóricos de la ecología política...en fin, este post no es sobre sus ideologías, si no sobre algo que él consideró más importante, no al principio si no ya al final de su vida...Carta a D. es una larga carta que él escribió a su esposa poco después de descubrir que estaba enferma, un testimonio de amor que me trae muchas preguntas e inquietudes...comparto primero un fragmento:
"Acabas de cumplir ochenta y dos años y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y te amo más que nunca. Hace poco volví a enamorarme de ti una vez más y llevo de nuevo en mí un vacío devorador que sólo sacia tu cuerpo apretado contra el mío. Por la noche veo a veces la silueta de un hombre que, en una carretera vacía y en un paisaje desierto, camina detrás de un coché fúnebre. Es a ti a quien lleva esa carroza...no quiero asistir a tu incineración; no quiero recibir un frasco con tus cenizas. Oigo la voz de Kathleen Ferrier que canta y me despierto. Espío tu respiración, mi mano te acaricia. A ninguno de los dos nos gustaría tener que sobrevivir a la muerte del otro. A menudo nos hemos dicho que, en el caso de tener una segunda vida, nos gustaría pasarla juntos...Te escribo para comprender lo que he vivido, lo que hemos vivido juntos"
En el año 2007 André Gorz se suicidó junto a su esposa en su casa de Vosnon, en Francia.
Cuando terminé de leer este libro, esta carta, no pude evitar tener sentimientos encontrados: ¿Qué es esto?, ¿Es este amor real?, ¿Existe algo así? o es algo que sólo podía sentir la gente "de antes"...¿Es patológico? o simplemente es lo que es, dos personas que no podían entender la vida sin el otro...nunca he visto este amor, ¿Ustedes?...
Será que en la pelea diaria por encontrar nuestra individualidad se nos ha olvidado o incluso renegamos ser parte de una entidad, de algo más grande que nuestra vida, de un amor así...no lo sé, lo escribo porque de alguna forma quiero analizarlo y posiblemente reciba de parte de ustedes alguna reflexión que me ayude a entenderlo.
¿Existe la posibilidad de encontrar este amor que no se acaba, que se renueva, que se enorguellece, que decide por el amor antes que la vida misma?...si tienen una opinión quisiera en verdad leerla. Muchas gracias.
"If you should die before me ask if you could bring a friend..." - STP

"Donde hay más riesgo, hay más provecho"...El título de este post parece el nombre de alguna de esas materias de la universidad de las que no teníamos idea de que se trataban hasta que ya íbamos a mitad del curso.
Sin embargo los riesgos de los que aquí hablo son otros...hablo de los riesgos asociados con tomar una decisión personal, la que sea, estar o no con alguien, cambiarte o no de trabajo, buscar o no una nueva casa, mudarte a otra ciudad o quedarte.
Normalmente tomamos riesgos cuando creemos o tenemos aunque sea la ligera certeza de que recibiremos algo a cambio, a veces aquello que esperamos no se parece a lo que recibimos, a veces es mucho menos, a veces es mucho más.
En mi caso, siempre que tomo una decisión que evidentemente implica correr un riesgo me imagino en un juego de póker, yo tengo mis fichas y debo decidir a qué jugada apostarle la mano más alta, evidentemente no espero perderlo todo...pero para no perder todo ¿Es necesario entonces no apostarlo todo? La duda me detiene porque creo totalmente en entregarse a las decisiones que uno toma, también creo en tratar de tomar la decisión menos pendeja…entonces ¿Hasta qué punto es sano o "menos riesgoso" dejar de apostar fichas? ¿En qué momento es mejor tomar las fichas que a uno le quedan e irse? ¿Es bueno irnos mientras aun tengamos fichas? - "Quédate en la raya" - es un pensamiento, un concepto que siempre me viene a la mente cuando no sé hasta dónde llegar...
Obviamente adoptando esta actitud corremos - de nuevo - el riesgo de quedarnos sin ni una ficha. ¿Vale la pena? ¿Cuánto vale la pena? ¿Qué vale la pena? ¿Por quién vale la pena?...es una incógnita hasta que nuestra apuesta nos muestra la pérdida o la ganancia - obviando aquí la frase de "toda experiencia vivida es ganancia" porque francamente (no lo nieguen) hay experiencias que son una mierda.
Todos aquí nos hemos quedado en calzones en cuanto a estas fichas se refiere. Quiero creer que en algún momento de nuestras vidas le hemos apostado todo a una opción y hemos recibido de vuelta puras patadas de burro. Bueno, sabíamos que había un riesgo...lo que no sabíamos era que perder iba a doler tanto.
Decía Dr. Seuss "No te arrepientas por lo que perdiste, alégrate porque sucedió" ¿Se habrá quedado él sin fichas también?...
Como para mi estar "medio embarazada" no es una opción cuando decido algo asumo el riesgo inherente, posiblemente me habría salvado de varios descalabros si no lo hubiera hecho pero el problema es que no se vivir la vida de otra forma; a "medias tintas" para mí, nunca es suficiente...Cuando le apuesto a algo, el 99.9% de las veces le apuesto todo, cuando he ganado ha sido mucho, cuando he perdido ha sido igual.
¿Es así como debe ser? No sé, lo único que se es que es la única forma en la que sé hacerlo. Dicen que "Conquistar sin riesgo es triunfar sin gloria"...yo le apuesto a esa frase.