Buenas nuevas

Publicadas por Les yeux noirs , miércoles, 30 de noviembre de 2011 09:59



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Donde viven los monstruos.

Publicadas por Les yeux noirs , martes, 15 de noviembre de 2011 09:07


Yo sé dónde, los conozco, muchas veces los he visto, conozco su rostro y su tamaño, son muy míos y aunque no sienta un particular cariño por ellos no puedo negarlos, son parte de mí.

Mis monstruos no son tantos pero nunca llegan solos, son montoneros, les gusta la compañía. Cuando alguno de ellos piensa en moverse primero se sacude, se desentume, luego, voltea a su alrededor, toma la iniciativa e invariablemente le habla al de al lado. Mis monstruos son cómplices, todo se cuentan, no guardan secretos.

La mayoría del tiempo, debo decir, los encuentro muy bien portados, están sentaditos atrás, en algún compartimento. Les gustan los recovecos, ahí tienen su banca, mecen los pies, están callados, duermen mucho...ya casi no salen a jugar, yo no los dejo.
Aunque a veces, algunas veces, escuchan una frase, ven una señal, alguien los pellizca o yo los llamo sin querer…cuando esto sucede trato de traer mi llamado de vuelta, de nunca haberlos siquiera pensado, pero aun así, ellos se levantan, unos lentamente, otros al instante...yo escucho sus pasos, los oigo acercarse, siento su respiración, percibo su temperatura. En ese momento corro y los ahuyento, hablo con ellos, a algunos les grito. Casi siempre logro que se vayan, les explico que no son bienvenidos.

Desafortunadamente para mí y para fortuna de ellos hay veces en las que no sólo llegan, sino que además se quedan, a veces por unos minutos, en los peores momentos, por días.

Casi siempre la tristeza del pasado es el primer monstruo en llegar, corre y me recuerda, su memoria es eterna. A él, le sigue la duda del presente, con su amigo: el miedo. Siempre llegan juntos, no pueden vivir uno sin el otro, se necesitan. Pegados vienen la frustración y la soberbia, ellos son atemporales y hablan al mismo tiempo.

El último en llegar es la ira, a él es precisamente a quien más le temo, de él me escondo, a él le ruego que se vaya sin embargo, cuando por fin llega, casi nunca me escucha, ni a mí ni a nadie, desconoce caras y voces, no encuentra espacio para razonar, es intransigente, egoísta, a veces violento.

Hace tiempo los fui a visitar, quise hacer las paces con ellos, les pedí una tregua, algunos accedieron, otros la siguen negociando. Son difíciles de tratar, se obstinan por tener vida propia y no quieren ser olvidados.

Me digo a mi misma, a manera de consuelo, que al menos los conozco. Todos han venido formalmente a presentarse, me explican de dónde vienen, presentan su caso, creen tener la razón.

Son míos, me hacen llorar, a veces temblar de miedo, me recuerdan quien soy, me lastiman y me enseñan. En algunas ocasiones, incluso me hacen escribir.

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